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En este trapiche no se pierde nada y se produce panela de calidad. Todo comenzó con un consejo comunitario encabezado por el presidente Álvaro Uribe, en el 2004. Allí, en Villeta, los paneleros le presentaron al mandatario su preocupación por la distribución desigual de los ingresos que recibían por su producto, teniendo en cuenta que los grandes capitales se iban para las grandes empresas y no les llegaba a ellos, a los pequeños productores.
En este trapiche no se pierde nada y se produce panela de calidad.
Todo comenzó con un consejo comunitario encabezado por el presidente Álvaro Uribe, en el 2004. Allí, en Villeta, los paneleros le presentaron al mandatario su preocupación por la distribución desigual de los ingresos que recibían por su producto, teniendo en cuenta que los grandes capitales se iban para las grandes empresas y no les llegaba a ellos, a los pequeños productores.
Así que con la intermediación del Sena se abrió la licitación para la construcción de un centro de producción a vapor, cuyo objetivo sería tecnificar los procesos y, por ende, sacar más panelas y de mejor calidad.
Lo diseñaron en Nimaima, en inmediaciones de la inspección de Tobia, con el nombre de Colegio Técnico Agroturístico, bajo la asesoría del Centro de Desarrollo Agroindustrial y Empresarial de Villeta (CEA), adscrito al Sena.
Y en marzo del 2007 fue inaugurado por el mismo presidente, quien mostró sus dotes de panelero al moler caña en un trapiche antiguo que dejaron allí mismo, para que los visitantes puedan comparar las dos técnicas.
El objetivo del sistema moderno es que la panela sea la más limpia del país, "además de que al procesar los jugos de caña como debe ser, se mejora la calidad nutricional del producto, pues se le da un tratamiento más suave y especial", como explica Camilo Guerrero, uno de los delegados del Sena en el Centro.
Además, "al tiempo que funciona como trapiche de producción (se procesan dos toneladas de caña por hora) sirve para capacitar y formar tanto a los paneleros de la región como a los del resto del país (ya han pasado por aquí delegaciones del Guaviare, del Eje Cafetero y de otros sectores de Cundinamarca, entre otras)", continúa.
Tanto, que a partir de esta, en menos de un año se ha desarrollado la construcción de otras diez plantas en el territorio nacional.
Aquí no se pierde nada. El mismo bagazo sirve para alimentar las calderas (hechas también con ingenio colombiano).
Luego, la cachaza que queda se les da a los animales y el jugo se concentra y se calienta a 123 grados centígrados hasta que queda con una consistencia que les permite moldearlo y cortarlo en las panelas que conocemos. Solo que más blancas y sin impurezas.
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